Hola, de nuevo por mi blog...
Como se menciona en la página principal de esta semana, es verdad que los alumnos aprenden mejor el inglés cuando se le relaciona con cosas cotidianas, cosas que a ellos les agrade, que no se sientan aburridos. Y ya hablando de esto, lo que encontré en los links proporcionados fueron varias cosas muy interesantes que me pusieron a reflexionar y a ponerme a trabajar mas duro en esto, les cito algunos ejemplos:
1.- La gramática: los expertos dicen que no es necesario llenar a los alumnos de gramática, no es necesario que estén toda la clase aprendiéndola. Si es necesaria pero tenemos que ver las formas en que se las proporcionamos para que el alumno realmente las acepte o pueda aprenderlas.
2.- Por ósmosis: es decir, que las lecciones se aprendan de la forma más fácil, las formas de aprendizaje en esta materia son más fáciles para los alumnos si se dan gradualmente. Personalmente, en este punto necesito trabajar un poco más. Hacer la clase más agradable.
3.- Aprender por medio de películas, canciones y videos: creo que esta es la principal y más fácil forma para que los jóvenes se interesen y aprendan. Me ha tocado que se interesan mucho por las letras de las canciones, cual es su significado y cosas por el estilo. Ahora, si ellos escuchan el inglés nativo, puede que aprendan varias expresiones que solo se digan allá. Esta estrategia es una de las que más me gustó para implementarla en el salón de clase.
4.- La repetición: los expertos dicen que mínimo tener 500 palabras en nuestro vocabulario, ¿cómo aprenderlas? mediante la repetición. Esta es una de las estrategias que utilizo para los vocabularios que se proponen en el plan de estudios. He visto que los alumnos si los aprenden. es una buena estrategia.
Saludos a todos, que estén bien.
viernes, 13 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
Aprendizaje y desarrollo de competencias
Hola compañeros y maestra Citlaly, de nuevo por aquí, dejándoles la respuesta a la questión número dos de esta semana que es la siguiente:
¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Para contestar esta pregunta, puedo empezar diciendo que el aprendizaje no es cualquier cosa. No basta con que sepamos muchas cosas, el hecho es que si no sabemos como aplicarlas y no sabemos que función le daremos a cada conocimiento que tenemos, no tiene caso. Cada día se va evolucionando, por lo tanto se dan diferentes cambios, los cuales todos debemos tenerlos en cuenta tanto para mejorar nuestras prácticas docentes como para conocer más los intereses de los alumnos.
No podemos basarnos en contenidos cualesquiera, ya que debemos situarnos en casos reales, casos que estén de acuerdo a la realidad que estén viviendo los jóvenes para que sepan y estén más involucrados en su mundo, en lo que se está requiriendo actualmente. Este es el propósito de la RIEMS, que estemos abiertos al cambio nosotros como docentes para que con eso, los jóvenes tengan una mejor educación y puedan ser capaces de hacer todo a lo que se enfrenten.
Reciban un saludo y buenas noches.
¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Para contestar esta pregunta, puedo empezar diciendo que el aprendizaje no es cualquier cosa. No basta con que sepamos muchas cosas, el hecho es que si no sabemos como aplicarlas y no sabemos que función le daremos a cada conocimiento que tenemos, no tiene caso. Cada día se va evolucionando, por lo tanto se dan diferentes cambios, los cuales todos debemos tenerlos en cuenta tanto para mejorar nuestras prácticas docentes como para conocer más los intereses de los alumnos.
No podemos basarnos en contenidos cualesquiera, ya que debemos situarnos en casos reales, casos que estén de acuerdo a la realidad que estén viviendo los jóvenes para que sepan y estén más involucrados en su mundo, en lo que se está requiriendo actualmente. Este es el propósito de la RIEMS, que estemos abiertos al cambio nosotros como docentes para que con eso, los jóvenes tengan una mejor educación y puedan ser capaces de hacer todo a lo que se enfrenten.
Reciban un saludo y buenas noches.
Concepciones de aprendizaje
Hola compañeros, ¿como están?
Este documento es para contestar a la primera pregunta de esta semana 6 que es: ¿Qué concepciones de aprendizaje nos parecen congruentes con el enfoque de competencias y porqué?
Puedo empezar diciendo que el enfoque conductista ya no tiene nada que ver con la educación basada en competencias, ya que esta última solo nos pide ser como un guía para los alumnos. Con respecto a la teoría del procesamiento de información, puedo decir que tiene cierta congruencia con las competencias, ya que los alumnos al conducirse por ellos mismos tienen que aprender a procesar su propia información, es decir, saber cual de toda la información que tienen les servirá y cual no. Saber para qué situaciones la utilizarán.
Otro proceso es el aprendizaje por descubrimiento, a esto es a lo que nos lleva la RIEMS y la educación por competencias, involucrar más a los alumnos en la realidad, ponerlos en situaciones cotidianas y que sepan que hacer en el momento oportuno.
Aprendizaje significativo, este lo puedo describir con un ejemplo que teníamos en una lectura pasada: no basta sólo con saber leer las coordenadas en una brújula, sino el saber ubicarte de acuerdo a esas coordenadas. Es decir, lo que aprendemos hay que saber utilizarlo para lo que realmente es.
La interacción con el medio para construir el propio conocimiento, es, como lo dije en líneas anteriores, uno de los principales llamados de la RIEMS. Que el alumno por sí solo cree sus conocimientos, los docentes que solo sirvan de apoyo para las dudas o para indicarles el camino por el cual deben enfocarse.
Todo lo anterior es sin dejar de lado la interacción con los demás (socio-constructivismo), que es una parte muy importante dentro de todo proceso.
Bueno compañeros y maestra Citlaly, estas fueron mis percepciones entre los procesos de aprendizaje y la educación basada en competencias. Nos vemos pronto y un saludo.
Este documento es para contestar a la primera pregunta de esta semana 6 que es: ¿Qué concepciones de aprendizaje nos parecen congruentes con el enfoque de competencias y porqué?
Puedo empezar diciendo que el enfoque conductista ya no tiene nada que ver con la educación basada en competencias, ya que esta última solo nos pide ser como un guía para los alumnos. Con respecto a la teoría del procesamiento de información, puedo decir que tiene cierta congruencia con las competencias, ya que los alumnos al conducirse por ellos mismos tienen que aprender a procesar su propia información, es decir, saber cual de toda la información que tienen les servirá y cual no. Saber para qué situaciones la utilizarán.
Otro proceso es el aprendizaje por descubrimiento, a esto es a lo que nos lleva la RIEMS y la educación por competencias, involucrar más a los alumnos en la realidad, ponerlos en situaciones cotidianas y que sepan que hacer en el momento oportuno.
Aprendizaje significativo, este lo puedo describir con un ejemplo que teníamos en una lectura pasada: no basta sólo con saber leer las coordenadas en una brújula, sino el saber ubicarte de acuerdo a esas coordenadas. Es decir, lo que aprendemos hay que saber utilizarlo para lo que realmente es.
La interacción con el medio para construir el propio conocimiento, es, como lo dije en líneas anteriores, uno de los principales llamados de la RIEMS. Que el alumno por sí solo cree sus conocimientos, los docentes que solo sirvan de apoyo para las dudas o para indicarles el camino por el cual deben enfocarse.
Todo lo anterior es sin dejar de lado la interacción con los demás (socio-constructivismo), que es una parte muy importante dentro de todo proceso.
Bueno compañeros y maestra Citlaly, estas fueron mis percepciones entre los procesos de aprendizaje y la educación basada en competencias. Nos vemos pronto y un saludo.
sábado, 10 de octubre de 2009
Mi confrontación con la docencia
Empecé mi carrera en el año 2003 concluyendo la misma en 2008. Estudié Licenciatura en Administración en el Instituto Tecnológico de CD. Constitución aquí en Baja California Sur.
Mi inicio como docente fue hace ya casi dos años, exactamente en septiembre de 2007 y surgió de una oportunidad que se me ofreció, les platico más ampliamente a continuación:
Como ya había comentado, simultáneamente con mi carrera, estuve estudiando un curso de inglés dentro del mismo instituto. Uno de mis maestros de inglés imparte clases en el Colegio de Bachilleres plantel 08, (en el cual actualmente trabajo) por tal motivo, no le era posible trabajar tiempo completo en las dos instituciones, lo cual lo llevó a ofrecerme esta oportunidad, me dijo: “Deisy, ¿usted sería capaz de ayudarme con las horas que tengo en EPIN (antiguo subsistema del plantel 98) de los primeros semestres?”
Obviamente me sentí muy emocionada, en primera porque mi maestro se había fijado en mi para cubrirle sus horas, el hecho de que me haya tenido confianza y en segunda, porque esta oportunidad no podía rechazarla. Así que al siguiente día de este acontecimiento, me dirigí a la EPIN a entrevistarme con el director, me atendió muy bien y me dio el empleo. Al tercer día ya estaba frente a un grupo de primer semestre.
Pienso que el ser profesor me ha ayudado a ser mejor persona, a aprender de los demás, a ayudar a las personas o los estudiantes en este caso, me siento muy contenta de estar aprovechando esta oportunidad que se me dio y siento que puedo dar mas de lo que he estado haciendo.
El hecho de estar tratando con alumnos a los cuales no les llevo mucha ventaja, hablando de edades, ha sido una experiencia muy agradable, todos sabemos que en esta edad, a los alumnos muchas veces no les interesa la escuela, no les interesa q es lo que harán en un futuro, sin embargo, a muchos de ellos si les interesa y eso es lo que a mi me da mas alegría. Me gusta ver que mis alumnos aprendan, que se interesen por la clase, que presten atención, que si tienen alguna duda pregunten, esas son las cosas que me satisfacen porque me hacen sentir que están poniendo de su parte para conocer algo que a ellos les servirá en su vida. En el lado contrario, hay muchos alumnos a los que de plano no les interesa, aún así, eso me hace reflexionar y pensar que cada día debo seguir modificando mi forma de enseñanza, debo mostrarme diferente ante cada tipo de estudiante…
Me sentiré contenta cuando vea que a los alumnos a los cuales les impartí clases, terminen satisfactoriamente su preparatoria, ya que sería mi primera generación.
Saludos a todos y espero sus comentarios.
Mi inicio como docente fue hace ya casi dos años, exactamente en septiembre de 2007 y surgió de una oportunidad que se me ofreció, les platico más ampliamente a continuación:
Como ya había comentado, simultáneamente con mi carrera, estuve estudiando un curso de inglés dentro del mismo instituto. Uno de mis maestros de inglés imparte clases en el Colegio de Bachilleres plantel 08, (en el cual actualmente trabajo) por tal motivo, no le era posible trabajar tiempo completo en las dos instituciones, lo cual lo llevó a ofrecerme esta oportunidad, me dijo: “Deisy, ¿usted sería capaz de ayudarme con las horas que tengo en EPIN (antiguo subsistema del plantel 98) de los primeros semestres?”
Obviamente me sentí muy emocionada, en primera porque mi maestro se había fijado en mi para cubrirle sus horas, el hecho de que me haya tenido confianza y en segunda, porque esta oportunidad no podía rechazarla. Así que al siguiente día de este acontecimiento, me dirigí a la EPIN a entrevistarme con el director, me atendió muy bien y me dio el empleo. Al tercer día ya estaba frente a un grupo de primer semestre.
Pienso que el ser profesor me ha ayudado a ser mejor persona, a aprender de los demás, a ayudar a las personas o los estudiantes en este caso, me siento muy contenta de estar aprovechando esta oportunidad que se me dio y siento que puedo dar mas de lo que he estado haciendo.
El hecho de estar tratando con alumnos a los cuales no les llevo mucha ventaja, hablando de edades, ha sido una experiencia muy agradable, todos sabemos que en esta edad, a los alumnos muchas veces no les interesa la escuela, no les interesa q es lo que harán en un futuro, sin embargo, a muchos de ellos si les interesa y eso es lo que a mi me da mas alegría. Me gusta ver que mis alumnos aprendan, que se interesen por la clase, que presten atención, que si tienen alguna duda pregunten, esas son las cosas que me satisfacen porque me hacen sentir que están poniendo de su parte para conocer algo que a ellos les servirá en su vida. En el lado contrario, hay muchos alumnos a los que de plano no les interesa, aún así, eso me hace reflexionar y pensar que cada día debo seguir modificando mi forma de enseñanza, debo mostrarme diferente ante cada tipo de estudiante…
Me sentiré contenta cuando vea que a los alumnos a los cuales les impartí clases, terminen satisfactoriamente su preparatoria, ya que sería mi primera generación.
Saludos a todos y espero sus comentarios.
La aventura de ser maestro
José M. Esteve
Universidad de Málaga
_____________________________________________________________________________
Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
__________________________________________________________________________
La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura, muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad. Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio.
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción.
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc.
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces, el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad.
_____________________________________________________________________________
MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)
Escritor, filósofo, humanista. Rector de la Universidad de Salamanca. Autor de una extensa obra literaria en la que destacan sus ensayos, en los que analiza la realidad social con una visión crítica y con una fuerte implicación personal. Se le considera uno de los mejores representantes de la Generación del 98. Su enfrentamiento a la dictadura de Primo de Rivera le llevó al destierro.
FRANCISCO GINER DE LOS RIOS (1839-1915)
Catedrático de derecho de la Universidad de Madrid. En 1876 renuncia a su puesto en defensa de la libertad de cátedra y funda la Institución Libre de Enseñanza, la institución educativa más innovadora en la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Su Residencia de Estudiantes es el centro clave de reunión y de formación de los mejores intelectuales y artistas españoles del siglo XX.
Universidad de Málaga
_____________________________________________________________________________
Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
__________________________________________________________________________
La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura, muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad. Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio.
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción.
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc.
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces, el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad.
_____________________________________________________________________________
MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)
Escritor, filósofo, humanista. Rector de la Universidad de Salamanca. Autor de una extensa obra literaria en la que destacan sus ensayos, en los que analiza la realidad social con una visión crítica y con una fuerte implicación personal. Se le considera uno de los mejores representantes de la Generación del 98. Su enfrentamiento a la dictadura de Primo de Rivera le llevó al destierro.
FRANCISCO GINER DE LOS RIOS (1839-1915)
Catedrático de derecho de la Universidad de Madrid. En 1876 renuncia a su puesto en defensa de la libertad de cátedra y funda la Institución Libre de Enseñanza, la institución educativa más innovadora en la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Su Residencia de Estudiantes es el centro clave de reunión y de formación de los mejores intelectuales y artistas españoles del siglo XX.
Los saberes de los estudiantes
Hola maestra Citlaly y compañeros del grupo 175, un gusto saludarlos de nuevo.
Como es sabido por todos nosotros, hoy en día el Internet es una de las más populares herramientas para todo tipo de uso, es decir, usamos el Internet para bajar información, para bajar música, para comunicarnos y mucho más. En esta ocasión voy a comentarles que es lo que saben hacer los alumnos de mi institución, cabe señalar que la encuesta la hice a alumnos de primer semestre, ya que son los grupos a los cuales imparto clases.
Para empezar sabemos ya que el Internet se divide en dos tipos de usos: reservorio y espacio social. Los jóvenes en cuestión hicieron muchos comentarios acerca de estos tipos y se dieron cuenta en cual de ellos estaban las actividades que realizan.
Lo que los jóvenes saben hacer son muchas cosas, las menciono: lo más fácil, bajar música (pueden usar Ares, Limewire), bajar imágenes (Google), bajar letras de canciones (Google), ver los videos de sus artistas favoritos (youtube, este sitio es muy popular, creo que todo mundo lo usamos). Saben algunos, bajar películas utilizando el Torrent o diversos programas que bajan del mismo Internet. El bajar información para tareas, proyectos en algunas materias, para obtener información sobre las cosas que han ocurrido y que han tenido fuerte impacto en el país o en el mundo, etc. Todo esto entra en el tipo de reservorio.
En el tipo de espacio social, creo que es donde los alumnos tienen una capacidad impresionante, el solo hecho de saber que es para relacionarse, ellos son unos expertos. Me sorprende mucho que tengan su propio Metroflog, (la verdad yo no tengo y no tengo idea de cómo se hace) porque le ponen cada cosa, lo diseñan muy padre, sus comentarios, etc., a mi me impresiona mucho. Otro medio que utilizan es Myspace que al igual que Metroflog es un espacio para que se den a conocer, en ellos suben fotos principalmente, y los demás hacen comentarios.
Usan también el flixster, Hi5, Facebook, sónico y de la misma manera, los usan para relacionarse, muchas veces encuentran a personas muy parecidas a ellos y empiezan una amistad virtual.
Otro de los medios que, personalmente, me gusta mucho, es el famoso Messenger, ya todos sabemos como se usa, podemos intercambiar fotos, videos, documentos de la escuela, tareas, fondos, en fin, es muy padre este medio.
Las compras y ventas, en esta edad no son muy comunes, me di cuenta a través de las preguntas, que saben como hacerlo, que en algunas ocasiones han comprado algún artículo en línea.
Una estrategia que puedo sugerir, es hacer que los estudiantes mediante el uso de la página de youtube, encuentren videos relacionados con la materia, en los cuales se podrá practicar la pronunciación, la lectura en caso de que los videos tengan subtítulos o si son de canciones, que tengan la letra de las canciones.
Una opción es reunirlos por equipos para que alumnos que tienen más conocimientos sobre los usos del Internet ayuden a sus compañeros, para que todos estén en las mismas condiciones y que puedan realizar las mismas actividades. Una forma de darnos cuenta de lo que aprendieron es organizando un trabajo en la biblioteca de la escuela en la que los equipos que se formaron, expliquen las cosas nuevas que aprendieron, utilizando los medios electrónicos, como el Internet, la tecnología como el cañón, las computadoras, etc.
Bueno compañeros esto fue mi participación en este blog. Los invito a que pasen y dejen sus comentarios.
Saludos cordiales.
Como es sabido por todos nosotros, hoy en día el Internet es una de las más populares herramientas para todo tipo de uso, es decir, usamos el Internet para bajar información, para bajar música, para comunicarnos y mucho más. En esta ocasión voy a comentarles que es lo que saben hacer los alumnos de mi institución, cabe señalar que la encuesta la hice a alumnos de primer semestre, ya que son los grupos a los cuales imparto clases.
Para empezar sabemos ya que el Internet se divide en dos tipos de usos: reservorio y espacio social. Los jóvenes en cuestión hicieron muchos comentarios acerca de estos tipos y se dieron cuenta en cual de ellos estaban las actividades que realizan.
Lo que los jóvenes saben hacer son muchas cosas, las menciono: lo más fácil, bajar música (pueden usar Ares, Limewire), bajar imágenes (Google), bajar letras de canciones (Google), ver los videos de sus artistas favoritos (youtube, este sitio es muy popular, creo que todo mundo lo usamos). Saben algunos, bajar películas utilizando el Torrent o diversos programas que bajan del mismo Internet. El bajar información para tareas, proyectos en algunas materias, para obtener información sobre las cosas que han ocurrido y que han tenido fuerte impacto en el país o en el mundo, etc. Todo esto entra en el tipo de reservorio.
En el tipo de espacio social, creo que es donde los alumnos tienen una capacidad impresionante, el solo hecho de saber que es para relacionarse, ellos son unos expertos. Me sorprende mucho que tengan su propio Metroflog, (la verdad yo no tengo y no tengo idea de cómo se hace) porque le ponen cada cosa, lo diseñan muy padre, sus comentarios, etc., a mi me impresiona mucho. Otro medio que utilizan es Myspace que al igual que Metroflog es un espacio para que se den a conocer, en ellos suben fotos principalmente, y los demás hacen comentarios.
Usan también el flixster, Hi5, Facebook, sónico y de la misma manera, los usan para relacionarse, muchas veces encuentran a personas muy parecidas a ellos y empiezan una amistad virtual.
Otro de los medios que, personalmente, me gusta mucho, es el famoso Messenger, ya todos sabemos como se usa, podemos intercambiar fotos, videos, documentos de la escuela, tareas, fondos, en fin, es muy padre este medio.
Las compras y ventas, en esta edad no son muy comunes, me di cuenta a través de las preguntas, que saben como hacerlo, que en algunas ocasiones han comprado algún artículo en línea.
Una estrategia que puedo sugerir, es hacer que los estudiantes mediante el uso de la página de youtube, encuentren videos relacionados con la materia, en los cuales se podrá practicar la pronunciación, la lectura en caso de que los videos tengan subtítulos o si son de canciones, que tengan la letra de las canciones.
Una opción es reunirlos por equipos para que alumnos que tienen más conocimientos sobre los usos del Internet ayuden a sus compañeros, para que todos estén en las mismas condiciones y que puedan realizar las mismas actividades. Una forma de darnos cuenta de lo que aprendieron es organizando un trabajo en la biblioteca de la escuela en la que los equipos que se formaron, expliquen las cosas nuevas que aprendieron, utilizando los medios electrónicos, como el Internet, la tecnología como el cañón, las computadoras, etc.
Bueno compañeros esto fue mi participación en este blog. Los invito a que pasen y dejen sus comentarios.
Saludos cordiales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
